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Guía

Lama, cajón y eje: guía sencilla de las partes de tu persiana

Cuando un técnico te habla de «cambiar el eje» o «la lama está rota», es fácil perderse. Esta guía explica de forma sencilla cada parte de la persiana, para qué sirve y qué problemas son los más habituales en cada una.

2026-06-20 · 5 min de lectura

Las partes principales de una persiana enrollable

Una persiana enrollable, la más común en viviendas de Madrid, se compone de varias piezas que trabajan juntas. Entender qué es cada una ayuda a describir mejor una avería por teléfono y a entender qué te están reparando.

La lama

Las lamas son las piezas horizontales, normalmente de aluminio o PVC, que forman el cuerpo visible de la persiana. Están unidas entre sí y se enrollan conjuntamente alrededor del eje cuando se sube la persiana.

Las lamas pueden ser:

Problema más habitual: una o varias lamas rotas o dobladas, normalmente por un golpe, viento fuerte, o por intentar forzar la persiana cuando está atascada. Cuando una lama está dañada, no siempre hay que cambiar la persiana entera: a menudo se puede sustituir solo la lama afectada si el modelo sigue disponible.

El eje (o tubo de enrollamiento)

El eje es el cilindro, normalmente de aluminio, situado dentro de la cajera, sobre el que se enrollan las lamas al subir la persiana. Es el componente central de toda persiana enrollable.

El eje gira gracias a un mecanismo: en persianas manuales, mediante una polea accionada por la cinta; en persianas motorizadas, mediante el motor tubular insertado dentro del propio eje.

Problema más habitual: desgaste de los soportes del eje (los puntos donde el eje se apoya en la cajera), lo que provoca que la persiana baje torcida o haga ruido. También puede ocurrir que el eje se «cale» — gire en falso sin arrastrar las lamas — por desgaste del mecanismo de arrastre.

El cajón (o cajera)

El cajón es el hueco, normalmente situado encima de la ventana, donde se aloja el eje con las lamas enrolladas cuando la persiana está subida. Puede ser de obra (ladrillo/hormigón, habitual en construcciones antiguas) o prefabricado (PVC o aluminio, habitual en ventanas modernas o reformas).

Problema más habitual: acumulación de suciedad y polvo, que con el tiempo dificulta el movimiento de las lamas. En cajones antiguos también es frecuente la pérdida de aislamiento térmico, ya que muchos cajones de obra de los años 70-80 no llevan ningún tipo de relleno aislante.

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Otras piezas importantes

La cinta (o correa)

En persianas manuales, la cinta es la tira flexible que conecta la polea del eje con el recogedor en la parte inferior de la ventana. Es la pieza que más se desgasta con el uso diario: se deshilacha, se alarga o se rompe.

El recogedor

El mecanismo, normalmente situado en el lateral inferior de la ventana, donde se enrolla la cinta sobrante cuando la persiana está bajada. Con los años, el muelle interior del recogedor pierde tensión, lo que hace que la cinta cuelgue floja.

Las guías laterales

Los carriles verticales por los que deslizan los extremos de las lamas al subir y bajar. Si están sucias, dobladas o mal alineadas, la persiana puede rozar, atascarse o hacer ruido.

Los topes (o testeros)

Las piezas en los extremos del eje que sujetan las lamas y transmiten el giro del eje a la primera lama. Es habitual que se desgasten o rompan con el uso, especialmente en persianas con muchos años de antigüedad.

¿Cuándo cada pieza indica que toca motorizar?

Si el problema está en la cinta, el recogedor o las lamas, normalmente es una reparación puntual y económica. Pero si el problema recurrente está en el eje — desgaste de soportes, mecanismo de arrastre gastado, persiana que se cala constantemente —, es el momento ideal para plantearse la motorización.

¿Por qué? Porque la sustitución del eje (necesaria para reparar ese problema) es exactamente el mismo trabajo que se necesita para instalar un motor tubular: el eje se retira, se ajusta o sustituye, y se reintroduce con el motor dentro. Aprovechar una reparación de eje para motorizar evita pagar dos veces por trabajos similares.

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